América Latina ha sido históricamente una región de interés para los países desarrollados, quienes se han establecido como hegemonía económica a través de estrategias de colonización de los países más pobres. Bajo la expectativa de mayor crecimiento, se han negociado modelos de conducción de las economías que han jugado en desmedro del desarrollo de las sociedades latinoamericanas.
En este sentido, resulta interesante el aporte de Isaac Pérez y su visión de la producción de conocimientos de las Ciencias Sociales en Latinoamérica, quien pone énfasis en los condicionamientos estructurales que caracterizaron a la región.
Para el autor existen obstáculos y limitaciones en la teoría social que se formulan desde la ruptura con objetos de estudio (que originaron una fecunda producción teórica), hasta los vaivenes histórico-institucionales (limitantes de la investigación en el campo de las Ciencias Sociales), pasando por el eurocentrismo, la llamada crisis de los paradigmas, así como la relativa ausencia de las teorizaciones del desarrollo como proceso integral, entre otras.
Pérez señala que 1980 fue una de las décadas más prolíferas y fecundas para la teoría social latinoamericana, cuyos ejes temáticos y de investigación se enfocaron en los problemas de desarrollo y subdesarrollo, en donde América Latina se asumió de manera integral como objeto de estudio.
La “teoría del desarrollo”[1] impulsada por Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial, fue un eje de debate y de producción teórica de las Ciencias Sociales, en respuesta al avance del proyecto capitalista en la región, acompañado por la formación de instituciones político/económicas ligadas al proyecto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual comienza a brindar respuestas a las interrogantes y problemas presentes no sólo en América Latina sino en todo el llamado Tercer Mundo.
Para Pérez, y siguiendo a Dos Santos, la Teoría del Desarrollo buscó localizar los obstáculos a la implantación plena de la modernidad, así como definir instrumentos de intervención capaces de alcanzar resultados deseados en el sentido de aproximar las sociedades existentes a esta sociedad ideal.
La concepción “desarrollista” entendía el crecimiento económico como una continuidad, considerando al subdesarrollo como una etapa previa e inferior al logro del desarrollo de los países modernos, el cual era un ideal a alcanzar.
En éste marco se proponen políticas públicas para transitar a las condiciones de desarrollo de los países del norte del mundo, y pasar de una sociedad tradicional a una moderna, y de comportamientos no racionales y arraigados en las comunidades a comportamientos racionales y universalistas.
En contrapartida, las críticas de mayor profundidad y elaboración a estos enfoques provienen de las versiones renovadas del marxismo latinoamericano, las cuales bosquejan la llamada Teoría de la Dependencia.
Esta teoría se proponía explicar las características del desarrollo dependiente ya afianzado en la región tras el ciclo expansivo de la economía mundial iniciado en 1945, ciclo que implicaba la expansión de las empresas multinacionales, de su modelo organizacional llamado Fordismo/Taylorismo y de la inversión enfocada al sector industrial, lo cual desembocó en un modelo de acumulación impulsado por los grupos monopólicos.
Al igual que Dos Santos, Pérez considera que, mientras la teoría de desarrollo y subdesarrollo fueron resultado del dominio colonial y del surgimiento de las burguesías nacionales deseosas de participar en la expansión del capitalismo mundial, la Teoría de la Dependencia fue un esfuerzo crítico por comprender la limitación de un desarrollo iniciado en un periodo histórico en el que la economía mundial ya estaba conformada bajo la hegemonía de grandes grupos económicos y poderosas fuerzas imperialistas que entraban en crisis y se rehacían.
A mediados de 1980, con la apertura democrática de varios países de la región, las agendas de investigación social asumen el estudio de la transición y los procesos democratizadores, la cultura política y los movimientos sociales. “Generándose una ruptura y reconversión hacia nuevos objetos de estudio, diferentes a los vinculados al desarrollo” (Pérez, sf:17). Pasando de los estudios sobre América Latina a los casos nacionales, estudios locales o la reflexión general sin referentes teóricos específicos. Las teorías sobre los problemas del Estado transitan de una Ciencia Social que privilegia el análisis de los fenómenos económicos a otra que se orienta hacia los fenómenos políticos.
La presencia de fenómenos que obstaculizan la plena transición a la democracia, así como el incremento de la pobreza y la marginación, las contradicciones sociales y políticas derivadas de la aplicación del ajuste estructural están propiciando la aparición de nuevos objetos de estudio aparte de los ya mencionados: la llamada sociedad civil, el surgimiento de nuevos actores sociales y económicos, la aparición y comportamiento de género, los problemas medioambientales y agrarios, los problemas educativos, el nuevo perfil de la universidad y la educación superior, los partidos políticos y su vinculación con la representatividad, entre otros.
En muchos de estos estudios prevalecen una variedad de enfoques teórico metodológicos, pero en otros, en el fondo está presente una marginación de la discusión teórica con un acentuado empirismo solo descriptivo de la realidad que tiende a la fragmentación y que no contempla a la sociedad como un todo articulado.
Con respecto a la producción de conocimiento en el área del Trabajo Social específicamente, es importante destacar su origen ligado al desarrollo capitalista en nuestra región; siendo parte de las estrategias que desplegaron los Estados frente a los problemas sociales que comenzaron a surgir a consecuencia de la acumulación del capital.
En sintonía con el planteo de Isaac Pérez, Ruth Parola se cuestiona cómo los procesos de modernización en América Latina han configurado espacios específicos de intervención para las profesiones sociales, y sobre la influencia que ha tenido en la producción de conocimiento
En este sentido, la autora articula aspectos del surgimiento y desarrollo del Trabajo Social, con distintos momentos capitalistas, reparando en las funciones que cumplieron los Estados en cada uno de estos momentos, y su posicionamiento ante la “cuestión social”, producto de la acumulación del capital.
Según Parola, las formas que adquirió el Estado para solucionar dichas desigualdades, fueron funcionales al sistema. Plantea a su vez, que la “cuestión social” se empieza a reconocer como tal, a medida que el desarrollo del capitalismo se fue articulando con la constitución y desarrollo de los Estados Modernos, conformando modos y mecanismos integradores que reemplazaron a las acciones de represión que la sociedad realizaba para atender a los problemas sociales. Estos mecanismos toman la forma de políticas sociales, cumpliendo funciones de regulación social.
En referencia a Foucault, considera que el autor francés muestra cómo se han formado dominios de saber a partir de las prácticas sociales y cómo esas prácticas pueden llegar a generar dominios de saber que no solo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino que hacen nacer además formas totalmente nuevas de subjetividad.
“El Trabajo Social como dominio de saber, con objetos, conceptos y técnicas es producto de relaciones de fuerza y relaciones políticas en la sociedad, en definitiva, producto de determinadas prácticas sociales” (Parola, 2009: 15)
Según la autora, los procesos económicos, socio-políticos y teórico-culturales de cada período, van a ir configurando la demanda para el Trabajo Social, y éste se va ir estructurando como profesión para dar cuenta de esas demandas y organizando el saber sobre lo social.
En un periodo que abarca desde el siglo XIX hasta el año 2001, Parola describe tres momentos de desarrollo capitalista, en donde se impulsan, desde la región, proyectos de Estados con características propicias para la instalación y recepción de estos modelos económicos y políticos que marcan los parámetros del desarrollo social, y de las disciplinas que fueron surgiendo en respuesta a la “cuestión social”.
El primer momento comprendido entre el 1800 y 1930, lo denomina como “Orden y Progreso” y corresponde al llamado Capitalismo Clásico, de mercado o competitivo. Caracterizado por la presencia de un Estado guardián de las condiciones necesarias para la producción capitalista, con intervenciones esporádicas y puntuales en relación a la “cuestión social”. Este tipo de Estado que se comenzó a consolidar en América Latina es el Nacional Moderno, cuyas acciones estuvieron basadas en un modelo represivo, paternalista y moralista y cuya intervención en materia social era planteada como una alternativa que corrigiera las contradicciones generadas en el proceso de acumulación capitalista.
El modelo de beneficencia creado por éste - filantropía organizada como actividad pública - delegó la administración, organización y funcionamiento de la asistencia social, no en funcionarios públicos sino en damas de la oligarquía o filántropos particulares. Estas acciones organizadas sobre las manifestaciones de la cuestión social estaban basadas en principios morales más que en principios teóricos; ya que estos actores de la clase dominante que asumieron este rol eran considerados los más propicios para resguardar la moral y los valores de la sociedad.
El Estado comenzó a necesitar agentes más profesionalizados y legitimados socialmente para ejecutar la acción social. Fundándose hacia 1925, la primera Escuela de Servicio Social en América Latina en Santiago de Chile, por un profesional de la medicina, ya que el Higienismo como movimiento traído de Europa estaba en auge en este momento; a partir del cual encontramos la profesionalización del Trabajo Social.
Según Parola, el proyecto modernizador de la Generación del 80 si bien mejoró la calidad de vida de la población, se impulsó ante la necesidad de tener mano de obra en mejores condiciones de salud, disponible para servir al proyecto modernizador planteado. Siendo la salud, el núcleo direccionador de la acción social del Estado en este momento.
En este período, se produce un traspaso de agentes de la beneficencia y la filantropía que desarrollaban su acción en distintas instituciones privadas de la época, hacia el Estado. Conformando una base conceptual de éste desarrollo técnico profesional, basada en el amor al prójimo y en la lástima por los que sufrían, desde una percepción de la realidad social naturalizada y acrítica en relación a la profesión y a las bases epistemológicas de su teoría y práctica.
El segundo período, correspondiente al Capitalismo Monopólico o Imperialista, lo denomina; de “Desarrollo y bienestar social”, ubicándolo entre 1930 y 1970. Caracterizado por una intervención estatal, con incidencia en la organización y dinámica económica desde adentro; sus funciones políticas empiezan a estar imbricadas orgánicamente con las funciones económicas.
El tipo de Estados que se conforma; es el de Bienestar, cuya acción social radica en consolidar la asistencia social pública y la previsión social, implementando estrategias del desarrollismo, intentando estructurar el bienestar social.
El nuevo modelo económico que se va ir imponiendo, según Parola, es el de sustitución de importaciones, basado en el desarrollo industrial incipiente que ya existía en el período anterior. Esto implicaba la necesidad de una estructura fabril que impulsara el desarrollo del mercado interno y de las distintas ramas de la producción acordes a dicho mercado.
En este contexto, comienzan a implementarse las políticas laborales y de seguridad social (sin abandonar las estrategias represivas) que generaron etapas más caracterizadas por las negociaciones, lo que complejizó la relación entre esta clase y el Estado.
La asistencia pública como intervención social del Estado es parte de la lógica modernizadora de acción social dirigida a los sectores pobres de la sociedad. Expresado a través de la centralización y unificación de las instituciones que presentaban asistencia social y a través de la modernización de la gestión asistencial por medio de instrumentos de control administrativo y económico.
Esta etapa, afirma la autora, significó el auge de las políticas sociales del Estado y, al mismo tiempo, una sectorización de las mismas; educación, seguridad social, salud y asistencia social. También implicó una ruptura con el modelo de acción social basado en la beneficencia sin abandonar totalmente estrategias del mismo.
En este sentido, la cuestión de la salud pasa a ser central en las políticas sociales de este período. Por lo que la necesidad de tecnificar la administración del sistema de salud, creó las condiciones necesarias para el desarrollo de las profesiones y las técnicas relacionadas con él, principalmente en las tareas de prevención de la salud y relación con la comunidad.
“Pareciera que la profesión está definida desde el peso del rol atribuido en términos de las prioridades que el Estado establece respecto de desarrollar la salud pública en su dimensión preventiva, asistencial y comunitaria”. (Parola, 2000)
Por lo tanto, para lograr organizar el proceso de racionalización de la asistencia social, se hacía necesaria la formación del personal especializado no sólo de los médicos, sino también de los nuevos agentes de la acción social; visitadoras de higiene, asistentes sociales, auxiliares de salud, entre otros.
De ésta manera, comienzan a realizarse los congresos panamericanos de Servicio Social organizados por la OEA , con el auspicio y autorización de la presidencia del país en el que eran organizados, por lo que el Estado nacional tenía una injerencia muy fuerte tanto en lo organizativo como en las discusiones que se tenían en los Congresos.
A partir de 1970, el modelo más actual con el que convivimos es el Capitalismo Tardío, multinacional o de consumo, momento que corresponde al que Parola denomina;
“El neoliberalismo y sus promesas”. El cual surge a partir de una nueva crisis en 1973, produciéndose un fenómeno de estancamiento económico con inflación.
Los excesivos gastos del Estado a nivel social, su intervencionismo en la economía y el poder de los sindicatos, son algunas de las causas que se le atribuyen a esta crisis. A consecuencia de la cual, se propone la reducción del Estado al mínimo, acompañado con pérdida de la soberanía, ya que prima el postulado de que el mercado es el mejor mecanismo de asignación de recursos económicos y satisfacción de necesidades individuales.
El Estado que se promueve es el Neoliberal, capaz de garantizar un marco legal adecuado para crear las condiciones propicias de expansión del mercado. En éste, la acción pública está caracterizada por la crisis del modelo de bienestar. Aparece una neofilantropización de las políticas sociales y una privatización del financiamiento; recorte del gasto social con una implementación y focalización de las políticas sociales.
Según Parola, una de las teorías que acompañó a este modelo neoliberal, fue la de “el derrame”, la cual sostenía que la pobreza y el desempleo eran transitorias ya que las reformas del mercado traerían, tarde o temprano, una disminución de estos aspectos de la “cuestión social”. Lo cual no solo no fue así, sino que después de los noventa se constata que la pobreza y el desempleo se instalan como aspectos estructurales, complejos y muy heterogéneos.
Actualmente, estamos viviendo cambios absolutamente sustantivos en la trama social, dando nacimiento a una nueva “cuestión social”, que nos remite a nuevos fenómenos los cuales no pueden ser leídos con las viejas categorías, ni abordados con los viejos métodos de gestión de lo social.
“La importancia en esta etapa de reconceptualización es que comienza a instalarse por primera vez en el Trabajo Social una preocupación explícita por la producción de conocimiento en la profesión, por las necesidades que desde el colectivo profesional comiencen a desarrollarse investigaciones sociales que vayan más allá de la investigación como diagnóstico”. (Parola, 2009:121)
En suma, el desarrollo de la producción de conocimiento en América Latina, presenta una serie de obstáculos y limitaciones, a causa de la incidencia de las coyunturas determinadas por el desarrollo capitalista en la región. Estos modelos, con sus respectivas estrategias políticas, han contribuido a la conceptualización de la realidad y del sujeto de forma fragmentada con respecto a su entorno, no integrando la complejidad de su existencia. Esto ha traído consecuencia en la producción de conocimiento crítico en las Ciencias Sociales, que según autores como Isaac Pérez, han tenido momentos de proliferación en la década de los 80 y que luego, a partir de la apertura democrática, han tendido a fragmentarse y a desviarse de los temas económicos, hacia otros más políticos y sociales. Sufriendo rupturas y alejándose de una comprensión de la realidad como totalidad.
El Trabajo Social, como disciplina ligada en sus orígenes a la expansión capitalista, mantiene una relación aún más conflictiva con su producción de conocimiento, asociada a ciertas limitaciones y dependencias que se observan en su proceso de conformación como disciplina social; como ejemplo, la mirada naturalizada de la realidad, apoyada en concepciones asistencialistas y filantrópicas, pasando por un posicionamiento más profesional, acompañando el proyecto moderno de políticas públicas, principalmente de salud, impregnadas por el higienismo, hasta la definición de un rol profesional que si bien mantiene su dependencia con las políticas públicas del Estado, observa la realidad desde una perspectiva más compleja, y crítica, asimismo en relación a su producción del conocimiento.
[1] La teoría de desarrollo, se genera al final de la segunda guerra mundial, cuando Estados Unidos pasa a ser hegemonía, intentando marcar las pautas de los principales organismos internacionales, conformados para hacer viable la sociabilidad mundial y para impulsar la doctrina de “contención” ante un supuesto avance latente de la entonces Unión Soviética. Instrumentando la llamada Guerra Fría para profundizar y fortalecer el ejercicio de su hegemonía en Europa y en las Américas.
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Bibliografía.
- Pérez, Isaac Enrique (s/f) “Los vaivenes teórico-epistemológicos en las ciencias sociales latinoamericanas. Notas para identificar algunas dimensiones
problemáticas en la construcción de conocimiento sobre América Latina.”. Documento en PDF, disponible en internet en
http://www.eumed.net/cursecon/ecolat, acceso 10/04/2011.
- Parola, Ruth Noemí. 2009 “Producción de conocimiento en Trabajo Social. Una discusión acerca de un saber crítico sobre la realidad social”.
Editorial Espacio, Buenos Aires.