El Socialismo del Siglo XXI tuvo platea universal
Venezuela en el mundo

 

Búmeran: la oposición imaginó la Copa América como ocasión para sepultar la imagen de la Revolución Bolivariana, tergiversando la realidad de lo ocurrido con el canal Rctv y magnificando una movilización de universitarios de las clases altas. El mundo vio lo contrario. Una sucesión de logros del gobierno y el desarrollo pacífico de los juegos, que movilizaron multitudes en total armonía. Durante el desarrollo del certamen, dos mil millones de personas en cinco continentes vieron una Venezuela diferente a la mostrada por los medios en sintonía con esa campaña, desembozadamente dirigida desde Washington. El mundo vislumbró otro país. Y otro horizonte. Ahora el debate es qué tipo de socialismo construir.

A diferencia del castellano, la lengua francesa tiene una expresión habitual para lo que está ocurriendo en Venezuela: embarras de richesse. En imperfecta traducción significa algo así como “la dificultad de tener demasiado”. Eso es, exactamente, lo que caracteriza el momento actual de la Revolución Bolivariana: la abrumadora sucesión de éxitos frente a la oposición golpista originaria, traslada los conflictos al seno mismo de las filas oficialistas. A tal punto, que no pocos de los protagonistas relegan y hasta olvidan la contumaz determinación estadounidense de acabar con la Revolución, para involucrarse en diatribas internas.

Apenas tres meses atrás la oposición al gobierno del presidente Hugo Chávez creyó nuevamente llegada su hora: en campaña mundial sin precedentes esgrimió el caso Rctv como ejemplo de dictadura; alentó una movilización universitaria que tras dos años de parálisis parecía devolverle la capacidad de acción callejera; enarboló la bandera de la inseguridad y ensayó una vez más el desabastecimiento. Al borde de la euforia, imaginó que la Copa América sería la vidriera en la que expondría a un gobierno incapaz y represivo, fácilmente condenable ante los ojos del mundo. Se inició así lo que Chávez denominó “estrategia golpista de mecha lenta”.

Todo falló. Miles de periodistas, incalculables millones de televidentes en todo el mundo, descubrieron una realidad invertida en comparación con la mostrada por los medios de difusión comercial venezolanos. Los periodistas y visitantes que asistieron a la Copa transmitieron lo que vieron. La constante de ese mensaje fue la de un certamen exitosamente organizado y un pueblo masivamente alineado con su gobierno, que en plena democracia lleva adelante un experimento extraño para los observadores extranjeros, denominado Socialismo del Siglo XXI.

Vértigo en la transición

Un papel esencial en ese desenlace le cupo a la sociedad venezolana, incluida buena parte de las escuálidas huestes opositoras: es que el carácter del venezolano medio, más allá de su alineamiento político, transmitió al visitante extranjero una calidez y tranquilidad imposibles de fingir e impensables en un clima de represión dictatorial. Chávez suele decir que “no hay cuatro millones de oligarcas en Venezuela”. Y eso quedó patente en el escenario político en el que se desarrolló la Copa América. Ínfimos grupos gritando “Libertad, Libertad” en algunos de los juegos más expectantes y con las cámaras de televisión opositora enfocándolos con intención por demás obvia, sólo podían despertar una sonrisa de conmiseración en el visitante extranjero, que al salir del estadio podía ver la vida cotidiana y asombrarse con el libertinaje de los medios de difusión atacando a Chávez.

Mientras tanto, una cascada de éxitos políticos de muy diferente naturaleza ponía en evidencia la consolidación de un plan estratégico anunciado como programa de campaña para las elecciones del 3 de diciembre pasado y aplicado a ritmo de vértigo desde entonces: de la instalación de una Comisión Central de Planificación a la derrota política e inmediata desactivación del bloque universitario (articulado en operación conjunta por el Departamento de Estado estadounidense y la jerarquía católica local con respaldo vaticano); de la aparición de una nueva dirigencia estudiantil, a la inscripción de poco menos de 6 millones de aspirantes en el gestante Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv); de la participación masiva de esa base social para garantizar la seguridad durante la Copa América, a la baja del IVA al 9%, la reducción de las tarifas telefónicas (tras la recuperación de la empresa por el Estado) y la inauguración del nuevo viaducto Caracas-La Guaira días antes del comienzo del certamen.

Así las cosas, la aceleración de la transición planteó con mayor agudeza una dinámica ya visible desde comienzos de año: el conflicto se instaló en el seno mismo del amplio arco de fuerzas hasta ahora oficialistas, que pasaron a discutir si es o no necesario el Psuv y qué tipo de socialismo es el que se edificará en el país.

Onda expansiva

Esa discusión se traslada a América Latina y más allá. Además del gobierno venezolano, en la vidriera están también los partidos, las instituciones, las dirigencias sociales y la intelectualidad venezolana. El programa venezolano de Socialismo del Siglo XXI lo están discutiendo las vanguardias de la región y de manera sobresaliente en Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador. Temas olvidados o desechados como socialismo, Partido, clase, dirección, planificación central, han vuelto a la agenda. Desde los campesinos brasileños del Movimiento Sin Tierra, a los cuadros de la pulverizada izquierda argentina; desde las filas del MAS boliviano a las bases y cuadros que en Ecuador buscan su camino, todos vuelven la mirada a Venezuela.

Cuando ponga en movimiento la poderosa fuerza hasta ahora sólo manifiesta en la voluntad de dar vida organizada a la unidad social y política de todo un pueblo, el balbuciente Psuv obrará como una descarga eléctrica sobre los restos disgregados, confundidos e impotentes de fuerzas políticas que dominaron el panorama del siglo XX. Eso incluye a los grandes movimientos nacional-burgueses y a los partidos —de mayor o menor envergadura— del más amplio espectro de izquierdas.

La onda expansiva de la Revolución Bolivariana se proyecta así a toda América Latina con un vigor y un poder diferentes al que transmitió hasta ahora. Chávez ha dicho que el 2007 es de transición, mientras que el 2008 será un año de profundización. “Lo más importante de la reforma constitucional —señaló— no es la reelección indefinida sino la inclusión de la figura del Poder Popular que no existe en la Constitución actual. Voy a proponer que además de los poderes públicos que ya existen —Ejecutivo, Judicial, Legislativo, Moral y Electoral— se incluya el Poder Popular y los Consejos Comunales del Poder Popular. Ésa es una propuesta esencial de la reforma para empezar una nueva era”. La realización de estos planes, está hoy a la vista del mundo y no hay conspiración mediática capaz de evitarlo.

 


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