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Capitalismo en quiebra
Zarpazo: neutralizar a China y recuperar a Brasil y Argentina. Ése es el primer paso táctico de la estrategia contraofensiva de Estados Unidos en medio del colapso capitalista. La reunión del G-20 a mediados de noviembre en Washington tiene ese propósito. Este octubre, infinitamente más grave para el capitalismo que el de 1929, termina sin una reunión de Unasur. Lula y Fernández han confirmado su asistencia a la Casa Blanca. La unidad suramericana puede ser abortada. La burguesía imperialista cuenta con el pánico de sus socios menores en el Tercer Mundo. Separar la crisis de la revolución es la táctica. Aislar a los países del Alba, distanciando al resto de la región de ese ejemplo. Es el paso previo a operaciones guerreristas contra Bolivia, Venezuela y Cuba, además del incremento bélico en Medio Oriente y el intento de doblegar a Rusia o atacar también allí. En su oprobioso final, Bush es utilizado por la burguesía imperialista para avanzar en esa dirección. Esta nota se complementa con las secciones Historia-Teoría-Debate (pág. 38 a 43) y Análisis de la Noticia (pág. 50). Una era ha terminado. La mudanza no ocurre en instantes ni, mucho menos, en todos los planos simultáneamente. Como las estrellas que han muerto miles de años atrás pero su luz todavía llega a la Tierra, la inercia de factores decisivos de la era anterior continuará gravitando. El dólar, por ejemplo. Un astro muerto que continuará irradiando luz e incluso encandilando con su valorización aparente. O la cultura de subordinación a los imperios, que a través de universidades y partidos condiciona conductas en estas horas de zozobra.Estados Unidos, Europa y Japón, su lugar en el mundo y el sistema financiero vigente desde Bretton Woods, ya no son ni serán nunca más lo que fueron desde 1944. El planeta ingresa en una transición prolongada hacia un destino incierto.No hay certezas, excepto que los imperios apelarán a todos sus recursos para sobrevivirse y que formidables fuerzas latentes bajo la superficie pugnarán en cada pueblo por salir a la luz y tomar las riendas. El trabajo de parto recién comienza. Nadie puede prever hoy cómo culminará. Desde que la economía y la política mundiales se globalizaron, hace 500 años, nunca la humanidad vivió una amenaza semejante a la actual. Nunca, tampoco, el pensamiento y la acción transformadores estuvieron tan a la zaga en relación con el desarrollo de los acontecimientos. Por allí comenzará la revolución predominante en lo inmediato.Naturaleza de la catástrofeSon los titulares recurrentes de los principales diarios del mundo los que apelan a palabras grandilocuentes: terremoto, cataclismo, tsunami… Ya no hay académicos ni periodistas mesurados que tilden de catastrofistas a quienes adelantaron durante años la magnitud de la crisis en ciernes. Ahora el mecanismo es otro: se trata de reducir, en la retórica, sus efectos al ámbito financiero; y de limitar al “neoliberalismo” el certificado de defunción. Creativos del periodismo y la economía apologética pasaron de enumerar puntos críticos a difundir la noción según la cual se cayó otra vez el muro de Berlín, esta vez en Occidente. El socorrido “capitalismo del siglo XXI”, según ellos, será posible con más Estado, más controles y un sistema financiero reconstruido desde el Norte.La realidad es más compleja y, a la vez, infinitamente más simple: es el sistema capitalista, como tal, lo que ha sido doblegado por la crisis. La catástrofe financiera es sólo el síntoma visible en primera fase. La etiología de la enfermedad incurable remite a la tasa de ganancia del capital productivo. Durante años se enmascaró succionando riquezas por vía financiera. La derrota de la idea de revolución y socialismo, combinada con el subsecuente aumento hasta el paroxismo de la enajenación, permitió ese salvataje desesperado. Camufló la realidad y demoró el estallido. Pero allí está, sin posibilidad de ser soslayada esta vez, la crisis estructural del capitalismo. La debacle financiera ya se transformó en recesión. Los tres grandes centros del capitalismo mundial ven caer en picada la producción de bienes y servicios. La discusión estriba ahora en dos puntos: cuánto durará; se transformará o no en depresión. Nadie arriesga un pronóstico.El bombeo de cantidades inasibles de dinero para salvar los Bancos y detener el derrumbe bursátil internacional, ha prevenido por ahora lo primero, pero no logra frenar lo segundo. Multibillones de dólares se esfumaron y continúan desvaneciéndose. Es el mecanismo de una descontrolada adecuación de la ficción a la realidad, que impacta sobre ésta y traba aceleradamente el proceso de producción en todo el mundo. La hipótesis más benévola prevé una recesión severa de dos años como mínimo. La otra, teme la depresión. En uno u otro caso, con Estados Unidos como punto de partida, el maleficio se extenderá a Europa y Japón y de allí a todo el planeta.Impacto diferenciadoEn términos relativos los pueblos más afectados serán los del otrora “primer mundo”. En Estados Unidos se vive ya una oleada de desalojos –a razón de 10 mil semanales a mediados de octubre– y proliferan los asentamientos precarios adonde van a parar sectores antes convencidos de que eran “clase media”. La desocupación crece en espiral en Europa. Pero aquellos países donde ya hay mil millones de seres humanos subalimentados, estarán condenados a catástrofes aún mayores si no se hace algo muy rápidamente. Los países de la Europa Central y del Este incorporados al ensueño de la Unión Europea verán revertida bruscamente la dinámica que supuestamente los conducía a la prosperidad consumista. Y el llamado “tercer mundo”, diferenciado por el rango de su desarrollo y dependencia respecto de los países centrales, va de la amenaza de hambrunas dantescas a la abrupta clausura de fantasías desarrollistas.Brasil inyectó unos 20 millones de millones en sus Bancos infectados; cuenta con otros 200 millones de millones en reservas, pero la magnitud de sus empresas y negocios se corresponde con la amenaza que los acosa. Rusia ya puso 220 millones de millones de dólares para salvar sus Bancos y deberá resolver cómo utilizar en la emergencia los 550 millones de millones de reserva con que cuenta. Corea del Sur, volcó a sus Bancos otros 100 millones de millones. Con 250 millones de millones en la mano, el FMI está a la caza para obtener contrapartidas a cambio del salvamento de Bancos en Hungría, Turquía, Ucrania, Georgia, Argentina y otros tantos países de rango medio que tambalean sobre la cuerda floja. La inexorable caída en los precios de las materias primas golpeará de lleno a las economías subordinadas, alimentando una interrelación nefasta de caída económica entre el Norte y el Sur.Con 1.800 millones de millones de reserva, la mayor parte invertida en bonos del tesoro estadounidense, con sus Bancos relativamente a salvo, China puede contribuir al armado de un reemplazo imperialista del sistema financiero actual o impulsar la creación de uno alternativo. Su crecimiento se desacelerará. Estudios consistentes indican que por debajo del 7% se dificultaría el equilibrio interno. Si, como creen algunos, las autoridades chinas han pasado del marxismo a confucionismo, recordarán la sentencia de Confucio: “no temas a la pobreza, sino a la desigualdad”. Protegerse del derrumbe del dólarEn el delirio de octubre, la lógica de la fuga en busca de reserva de valor condujo al dólar. Alguien comprenderá, más temprano que tarde, que no ha habido ni hay una burbuja más inflada que la moneda estadounidense. Es la más grandiosa estafa de la historia económica. Y explotará. Los tenedores de billetes o valores en esa denominación corren el riesgo de perder poco menos que todo el capital que creen tener. Por otra parte, Washington no tiene, a término, otro camino para resolver su deuda y su doble déficit, ambos con cifras superiores a la capacidad de intelección humana. Con la aproximación de ese momento, se agudizarán las luchas interimperialistas. Y desde su propio ángulo, China estará allí. Allí reside la fuerza irracional que puede llevar al mundo a la guerra. Pero también será más brutal el choque entre Norte y Sur. Y combinado en ese entrecruzamiento, la lucha de clases reaparecerá con vigor en todo el mundo. La teoría deberá resolver cómo sale del cómodo refugio de tantos años: “contradicciones principales y secundarias”. Y la política deberá rehacerse a la velocidad exigida por los acontecimientos. Urge un reemplazo cualitativo, siquiera transitorio, para el sistema financiero internacional. Unasur podría dar el ejemplo, con una moneda de cuenta propia y un mecanismo de interrelación económica que permitiera levantar un vallado y detener los vientos huracanados del Norte. Con Rusia, China, Irán y Suráfrica, Unasur podría en teoría establecer zonas de intercambio con divisas reales o de cuenta, por fuera del dólar y el euro. Nada de esto tiene que ver con la técnica económica, por supuesto. Se trata de decisiones políticas. Y allí es donde las posibilidades teóricas quedan en cuestión.Fuerza de gravitaciónEn ese terreno es que el imperialismo ha lanzado una contraofensiva, en medio del tifón de la crisis. Al mismo tiempo que transfugaban cantidades inconmensurables de dinero a sus Bancos, Washington, Bruselas y Tokio prepararon una contraofensiva política. Neutralizar a China y recuperar a Brasil y Argentina es el primer paso, imprescindible para afrontar la escalada bélica programada por el Departamento de Estado. El ataque comando contra Siria cuando esta nota ya estaba cerrada confirma la aceleración de esa marcha que tiene a Irán como objetivo. Las obscenas amenazas de los candidatos estadounidenses contra Venezuela indican lo mismo. Impedir que China afirme una dinámica contraria a las decisiones estratégicas de la Casa Blanca es una condición de sobrevivencia para el imperialismo. La otra es abortar la dinámica de convergencia suramericana. ¿Qué harán Lula y Fernández, convocados a Washington para el cónclave selecto el 15 de noviembre? Si la respuesta es dubitativa en relación con ambos presidentes, no debería serlo para los pueblos de ambos países: dejarse arrastrar por la fuerza de gravitación del astro que ha perdido su órbita sólo puede conducir al cataclismo. Es decir, abonar la estrategia estadounidense de guerra. Desde el Río Bravo a la Patagonia deberían multiplicarse las movilizaciones de masas exigiendo a las autoridades una política independiente, que enrumbe a América Latina en sentido opuesto al que pretende imponerle la irracionalidad capitalista. RECUADROS
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