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Israel: Barak y Lieberman se suman al gobierno de Netanyahu
Alianzas: el 24 de marzo, el Partido Laborista que lidera Ehud Barak, se sumó al gabinete del primer ministro, Benjamin Netanyahu. Días atrás lo había hecho Avigdor Lieberman. Con los votos del laborismo y de Yisrael Beiteinu, el líder de Likud cuenta con la mayoría de bancadas necesarias en el Parlamento: 66 de las 120 totales. Ante el riesgo de quedar aislada en la oposición, la responsable de Kadima, Tzipi Livni, dejó abierta la posibilidad de alcanzar un arreglo de última hora con el nuevo Gobierno. Frente a este panorama, el proceso de paz con los palestinos sigue sepultado. El Partido Laborista del ministro de Defensa, Ehud Barak, votó el 24 de marzo a favor de incorporarse a la coalición de gobierno israelí que encabezará el conservador Likud, ya apoyado por grupos ultraderechistas y ultraortodoxos. Claramente dividido, con el 58% de los 1.071 militantes que votaron a favor frente a un 42% que se opuso, los laboristas otorgaron al primer ministro designado, Benjamín Netanyahu, la posibilidad de anunciar ya su futuro Ejecutivo. Pese a las posturas divergentes dentro de la agrupación, Barak consideró que tendrán una posición "significativa" dentro de la coalición y aseguró: "No temo a Netanyahu. No seremos una hoja de parra o la rueda de repuesto". El voto de los delegados a la convención laborista concluida la noche del 23 otorgó a Netanyahu un total de 66 escaños, de los 120 asientos que posee el Knesset o Parlamento, por lo que cuenta con una alianza mayoritaria, aunque heterogénea y potencialmente vulnerable. Además de los 13 diputados del Partido de Barak, el Jefe de Gobierno designado dispone de los 27 de su agrupación Likud, así como de los 15 del ultraderechista Yisrael Beiteinu y los 11 del ultraortodoxo sefardita Shass. Se espera que se sumen los grupos religiosos minoritarios Unidad Torah Judaísmo y Habayit Hayehudi. Según las bases del acuerdo Laborista−Likud, el Gobierno asegurará dentro de los 30 días posteriores a su inauguración un plan económico de emergencia para enfrentar la crisis financiera y aportar soluciones para reducir el desempleo, brindar créditos y alentar el crecimiento. Asimismo, Barak conservará la cartera de Defensa y su grupo ocupará otros cuatro Ministerios: Industria, Comercio y Trabajo; Agricultura, y Bienestar y Servicios Sociales, junto a un ministro sin cartera que se encargará de los asuntos de las minorías. Los laboristas también tendrán el viceministerio de Defensa y uno de sus diputados encabezará cada una de las comisiones del parlamento de Educación, Absorción y los Asuntos Exteriores, y Defensa, por un tercio del período y no simultáneamente. Barak tendrá junto con Netanyahu la potestad de designar a ministros laboristas para carteras determinadas. En el entendimiento con Yisrael Beiteinu, el Primer Ministro designado concedió la Cancillería al líder ultraderechista, Avigdor Lieberman, además de los Ministerios de Infraestructura, Turismo e Integración de los Nuevos Inmigrantes. Asimismo, cedió el Ministerio del Interior a Eli Yishai, caudillo del ultraortodoxo Shass, así como los de Construcción y Vivienda, y Servicios Religiosos, entre otras prerrogativas. Recapitulación Los acontecimientos mundiales más recientes y, en particular, las derivaciones de los 22 días de inclemente agresión contra la Franja de Gaza, imponen al Primer Ministro designado la certeza de que se enfrenta a una coyuntura cambiante y singular. El 16 de marzo, Netanyahu oficializó la alianza con el líder del ultranacionalista Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman, y seis días después, con el del ultraortodoxo sefaradita Shass, Eli Yishai, también ministro de Industria y Comercio del Ejecutivo saliente. Lieberman obtuvo 15 escaños en los comicios del 10 de febrero y se convirtió en el "hombre bisagra" del inminente Ejecutivo, pues Likud consiguió 27 de los 120 asientos del Parlamento, y está obligado a negociar con otras fuerzas. Claro está que la política israelí es una ecuación difícil que para nada se decide con la simple suma matemática de curules, y la mejor prueba lo constituye la compleja repartición de carteras que significaron los acuerdos con los ultranacionalistas. Likud e Yisrael Beiteinu firmaron una cláusula en su acuerdo que expresa la preferencia mutua por un gabinete de unidad y que la distribución de ministerios pudiera cambiar si se concreta la inclusión de otros grupos moderados. Aún así, Lieberman se perfila como ministro de Relaciones Exteriores y, además, su partido se quedó con los ministerios de Infraestructura, Turismo e Integración de los Nuevos Inmigrantes, además de pretender el de Seguridad Interior. El acuerdo de Netanyahu con Lieberman engendró una coalición estrecha que, sin dudas, provocará tropiezos diplomáticos a Israel si persiste el carácter racista del judío de origen ruso, y su marcada postura antiárabe y antipalestina. Durante la campaña electoral, el jefe de Yisrael Beiteinu basó su discurso en mensajes fascistas y propuso retirar la ciudadanía israelí a los árabes que no demuestren por escrito su compromiso de fidelidad a Israel, como Estado judío. A juzgar por sus declaraciones, Lieberman se proyecta más radical que Netanyahu, aunque ambos se niegan a negociar la creación de un Estado palestino independiente, la partición de Jerusalén o el retorno de los refugiados, temas que, a regañadientes, defiende Kadima. Las fricciones ya se hicieron sentir a instancia regional con Egipto, cuyas autoridades celebran por estos días los 30 años de la firma del primer tratado de paz de un país árabe con el Estado judío, paso que luego siguieron Jordania, en 1994, y Mauritania, en 1999, aunque éste último cortó los nexos recientemente. Asesores de Netanyahu tuvieron que apresurarse a tranquilizar a El Cairo y reunirse con sus funcionarios a raíz de la preocupación expresada por el puesto que ocupará Lieberman, para explicarles que ello "no será motivo de tensión entre los dos países". Según versiones de prensa, un diplomático egipcio señaló que para su país hay "tres cosas sagradas: las pirámides, la represa de Asuán y el honor del Presidente (Hosni) Mubarak", Lieberman ya había blasfemado contra dos de ellas. En un discurso ante el parlamento israelí en octubre de 2008, el caudillo judío dijo que Mubarak "podía irse al diablo", si continuaba negado a visitar Israel, y cuando el presidente Shimon Peres y el primer ministro saliente, Ehud Olmert, se disculparon, los atacó. Peres y Olmert valoraron de "desafortunados", "inútiles" y "perniciosos" los comentarios del ultraderechista, quien los tildó de haberse portado como "una esposa maltratada" con Egipto. Tiempo atrás, Lieberman sugirió que ante una eventual guerra con Egipto, Israel debía destruir la represa de Asuán en el Nilo. Respecto al Partido Shass, Netanyahu cedió a Yishai el Ministerio del Interior, además de que el acuerdo garantiza a los ultraortodoxos las carteras de Construcción y Vivienda, y la de Servicios Religiosos, una especie de luz verde a la expansión de los asentamientos judíos. La agrupación sefardita renunció a su pretensión de nombrar un ministro para Educación (Haredi), y a cambio tendrá un ministro sin cartera en la oficina del jefe de gobierno y a un vicetitular en el Ministerio de Finanzas. El escenario interno se antoja difícil para Likud, que tendrá que arbitrar entre la intransigencia de Lieberman y el conservadurismo de Yishai respecto a que se autoricen los matrimonios civiles y se flexibilicen las normas para la conversión al Judaísmo. Yisrael Beiteinu, Shass, Likud y los otros partidos religiosos minoritarios tienen como denominador común la negativa a aceptar la fórmula de "dos Estados" para crear uno palestino independiente con capital en Jerusalén oriental. Tal rigidez choca frontalmente con Estados Unidos y la Unión Europea, parcializados de forma innegable con los israelíes, pero forzados por las circunstancias −y por intereses propios− a presionar para un arreglo al litigio medular del Medio Oriente. Tras consumir los 28 días iniciales reglamentarios, el político conservador admitió que deseaba disponer de tiempo extra hasta el 3 de abril para tratar de atraer a Barak, quien nombró incluso una comisión laborista para que se pronuncie sobre una eventual alianza. Netanyahu intenta, sobre todo, armar un gabinete amplio capaz de evitar el fracaso de su anterior mandato (1996−1999) precipitado por la salida de partidos extremistas opuestos al acuerdo de diálogo que logró con los palestinos bajo presiones de la Casa Blanca. Si bien Tzipi Livni, líder de Kadima, había rechazado el ofrecimiento de Netanyahu por ver insatisfechas dos de sus principales demandas: garantías de continuar las negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina y poder alternar como Primera Ministra a mitad del mandato de su rival, la ex canciller no cerró la puerta a posibles arreglos de última hora, sobre todo ante la posibilidad de quedar aislada en la oposición. Una encuesta difundida por Radio Israel arrojó que el 64% de los votantes laboristas deseaban que el partido se uniera al Gobierno, al igual que el 74% de los partidarios de Kadima, aún en contra de lo dicho por Livni. Cualquiera sea la estructura del gabinete, el proceso de paz con los palestinos y la relación de Tel Aviv con sus vecinos árabes no sufrirán de inmediato un vuelco sustancial. Problemas domésticos sensibles y la liberación del soldado israelí Gilad Shalit, en poder de los islamistas de Hamas desde 2006, son las prioridades a corto y mediano plazos. Desde El Cairo, Ulises Canales
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