Más de un millón de personas participaron del concierto por la paz en La Habana
Te doy una canción

 

Armonía: lejos de lo pronosticado por las voces agoreras de la oposición a la Revolución, el concierto Paz sin Fronteras realizado en La Habana el 20 de septiembre contó con la participación de más de un millón de personas que disfrutaron de la música en paz y unidad. No se necesitó de la presencia policial y no se vio ningún cartel contra el gobierno de Raúl Castro. Por el contrario, la muestra de intolerancia estuvo encarnada en los cubanos residentes en Miami que con una aplanadora destruyeron los discos del cantante colombiano Juanes, uno de los impulsores del concierto. “El recital es un golpe a la intolerancia”, dijo el ministro de Cultura cubano, Abel Prieto, en declaraciones a la prensa.

El 20 de septiembre Cuba dio otra muestra de unidad y coherencia: un millón 150 mil personas disfrutaron del concierto Paz sin fronteras realizado en la mítica Plaza de la Revolución. No hubo disturbios, ni se requirió de la presencia policial. Que ningún asistente de los más de un millón de personas presentes en el recital llevara un cartel contra el gobierno revolucionario no es un dato menor. La tranquilidad con que el público disfrutó de la música de Silvio Rodríguez, Luis Eduardo Aute, Olga Tañón, Amaury Pérez y Juanes, entre otros, dejó sin efecto la campaña mediática internacional contra el proceso revolucionario de la Isla. Quienes quedaron en evidencia por su barbarie fueron los grupos contrarrevolucionarios de Miami: en las semanas previas a la realización del evento, los cubanos residentes en Estados Unidos intentaron boicotear el concierto y expresaron su disconformidad mediante la destrucción de discos y carteles de Juanes. Los incidentes tuvieron que ser mediados por la policía.

Sin fuerzas

“Juanes traidor, amigo de Fidel Castro”, decían los carteles preparados por la organización anticastrista Vigilia Mambisa que reunió a decenas de personas ante el tradicional café Versailles en el barrio de La Pequeña Habana de Miami. Además de las pancartas, Vigilia Mambisa llevó a la famosa Calle Ocho una máquina aplanadora de construcción con la que destruyó discos y fotos de Juanes. Otros cubanos que pasaban por el lugar, mostraron su apoyo a la iniciativa del cantante colombiano. La división que surgió entre los cubanos residentes en Miami en torno al concierto puso en evidencia la pérdida de peso político de los sectores más radicales del exilio cubano que aspiran a ver derrotada la Revolución y que históricamente han apoyado la política del bloqueo estadounidense contra su propio país. “Lamentablemente hemos visto el rostro feroz del fascismo en liquidación desde Miami contra un proyecto tan hermoso”, afirmó el ministro de Cultura cubano, Abel Prieto. “El concierto es un golpe a la intolerancia”, dijo el funcionario.

Todas las voces

En el recital, que duró más de cinco horas, participaron también los españoles Miguel Bosé, Víctor Manuel y Luis Eduardo Aute, el italiano Jovanotti, el ecuatoriano Juan Fernando Velasco, el puertorriqueño Danny Rivera, la orquesta cuabana Van Van, Orishas y la banda cubanovenezolana Cucu Diamantes y Yerbabuena. Foros, páginas electrónicas y medios de todo el mundo se hicieron eco de este megaconcierto realizado en armonía y unidad. Bajo el sol abrasador del Caribe, Silvio Rodríguez estremeció al público con Escaramujo y Ojalá. No tan conocida, la primera es una poética canción a los niños, al amor y a la búsqueda de la verdad. Instantes después, con su guitarra al hombro, el trovador cubano volvió a conmover a los espectadores con Ojalá que fue coreada a viva voz por los presentes: “Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda. Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz. Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado. Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores”. Al final de su presentación, el cantautor saludó a los presentes: “Gracias a mi Cuba, viva el pueblo cubano”.



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