Balance de la Asamblea General de la ONU

Por Hugo Chávez

A la hora del balance, tres intervenciones me parecieron tan memorables como medulares en esta Asamblea: me refiero a las de Muammar Gaddafi, Luiz Inácio Lula da Silva y Evo Morales. Gaddafi puso los puntos sobre las íes sobre la necesidad impostergable de refundar a la ONU: suscribo, punto por punto, todas sus consideraciones sobre la organización y funcionamiento del Consejo de Seguridad y, también, sobre el rol protagónico que debe tener la Asamblea General. Lula hizo énfasis en la refundación del orden económico mundial sobre bases nuevas. Coincidimos plenamente con él en que el mundo no puede seguir rigiéndose por las mismas normas y los mismos valores dictados tras la Segunda Guerra Mundial. Por la voz de Evo habló nuevamente la sabiduría de los pueblos originarios: lúcida y conmovedora fue su defensa de los derechos de la madre Tierra en relación con la gravísima amenaza del cambio climático. Y, con toda razón, propuso que los países desarrollados deben reconocer la deuda que tienen con el planeta. Venezuela fue a Naciones Unidas a recordarle al mundo que si aspira a cambiar, como se evidenció en el ánimo que inundó esta Asamblea en distintas voces, debe contar con los pueblos de Nuestra América y el Caribe. Quiero retomar lo que fue el centro de mi intervención el jueves 24 de septiembre: hay una revolución en Suramérica, en Nuestra América, en el Caribe, y es necesario que el mundo lo vea, lo asuma y lo acepte porque es una realidad irreversible. Además, es una revolución que trasciende lo ideológico: es geográfica, geopolítica; es una revolución de los tiempos, una revolución moral; es una revolución necesaria. Es grande esta revolución necesaria y va a seguir creciendo a medida que pase el tiempo. Es grande por el tiempo que carga por dentro: es grande por el espacio que abarca. No quiero concluir estas reflexiones sobre la 64ª Asamblea General de la ONU, sin hacer referencia a la intervención del presidente Obama. Reconociendo ciertos y alarmantes vacíos e inconsistencias en su discurso -ni una sola mención a Honduras por ejemplo- su lenguaje es muy diferente al de Bush. Ahora bien, la diferencia en materia verbal que ha marcado con respecto a su antecesor, debe traducirse en una praxis consecuente. Pero primero tendría que resolver la dualidad que hasta el día de hoy caracteriza su desempeño. Si Obama está dispuesto a acompañarnos en la creación de un nuevo orden mundial signado por el entendimiento, la sensatez y el respeto, bienvenido sea: si se deja presionar por el Pentágono –ese Estado dentro del Estado– y se resigna a seguir el mismo guión imperialista de siempre, entonces pasará a la historia como aquél que tuvo la oportunidad de dar una sólida contribución a la causa de la humanidad y prefirió echarse a un lado por temor a enfrentar, con el resto de las naciones, el reto de construir un mundo sin hegemonía imperial, esto es, en igualdad de condiciones y en paz. Fragmento de Las líneas de Chávez del 26 de septiembre

 





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