Literatura artesanal en la editorial La Propia Cartonera
Creación cultural y artesanal en Montevideo; una forma innovadora de editar libros
Arte colectivo: la editorial independiente y alternativa La Propia Cartonera construye su historia desde el oeste de Montevideo. En una zona donde no hay teatros ni cines y casi no hay librerías, se producen libros. Cada ejemplar de La Propia es único: todas sus tapas son pintadas a mano y sus hojas son impresas en una fotocopiadora. Todas las ganancias que obtienen son volcadas a la producción de más libros. América XXI visitó el taller, en el fondo de un bar de un barrio de Montevideo.
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En la esquina de Agustín Muñoz y Molina, en el barrio montevideano de La Teja, hay un bar del que salen libros. Allí, en el fondo, funciona el taller de la editorial independiente y alternativa La Propia Cartonera. Está inspirada en la editorial Eloísa Cartonera, que nació en la ciudad de Buenos Aires tras la crisis de 2001 y actualmente funciona en el barrio La Boca. Bajo el lema “Cartón, cumbia y amor”, La Propia tiene historia y particularidades únicas.
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Diego Recoba es uno de los fundadores del taller. Es estudiante de Letras de la Facultad de Humanidades y el único literato del grupo, “quizá por eso le va bien al proyecto”, meditó. “Hay dos compañeras a las que les da lo mismo lo literario, lo hacen porque les copa esto. Vienen acá a hacer libros, a hacer militancia. Y está bueno que no sea sólo por la literatura”.
El proyecto está integrado por cuatro jóvenes que trabajan en la capital uruguaya y un diseñador en la ciudad bonaerense de Bahía Blanca, Argentina, donde también se venden los libros y desde donde los distribuyen en Buenos Aires. “Somos cinco personas fijas, pero hay otra gente que va y viene. Siempre hay gente en el taller, metiendo mano”, contó Diego, sin dejar de cortar cartones que serán próximamente tapas de libros.
Historia
La Propia Cartonera nació en 2009 tras las inquietudes de un grupo de jóvenes que se proponía hacer una comedia musical. “Ensayábamos tan poco y hablábamos tanto de otras cosas como el arte, la cultura, lo malo y lo bueno que había, las carencias. Queríamos desarrollar alguna expresión artística dialogando con el ahora, con la gente, pero no sabíamos qué hacer”, detalló Diego.
En la Argentina conocieron la editorial Eloísa Cartonera, creada en 2003 por el escritor Washington Cucurto y por el artista plástico Javier Barilaro para continuar con su proyecto independiente que ya no podían sostener económicamente.
Tras idear varios proyectos, los jóvenes comenzaron a editar una revista que llamaron Caracú. “Caracú –recordó Diego– nos hizo teorizar, poner en palabras lo que queríamos. Sumamos más gente y creamos una fuerza como grupo. Nosotros la hacíamos y la vendíamos. Y nos encontrábamos con gente a la que le gustaba y con gente a la que no. Tuvimos que discutir, convencer, y así fuimos fortaleciéndonos. Promover un ‘arte de la relación, del encuentro, del vínculo’, era el leitmotiv”.
Nombre propio
Recoba explicó que “el nombre de la editorial también salió de Caracú, donde teníamos una fuerte prédica: les ‘pegábamos’ a los periodistas progresistas que les ‘pegaban’ a los planchas porque detrás de una supuesta tolerancia veíamos discriminación”. En Uruguay, los planchas son grupos sociales urbanos marginados. Además de provocar temor y rechazo en otros sectores de la población, el llamado Movimiento Plancha se adhirió al Foro Batllista de los jóvenes del Partido Colorado. “Entonces dijimos: ‘vamos a agarrar una frase típica de los planchas: ‘La propia’, y así quedó”, contó Diego.
La elección del lugar donde trabajarían fue fácil: Nuevo París, barrio en el que vivían varios de los integrantes de La Propia. Luego de una fallida asociación con una institución de la zona, instalaron el taller en Clase A, un bar al que iban habitualmente. El cartón era recolectado por vecinos de un asentamiento cercano y la mayoría de los niños que pasaban parte de su tiempo pintando las tapas eran sus hijos. Allí trabajaron durante casi un año. En julio de 2010, el lugar fue clausurado tras denuncias por ruidos molestos y venta de bebidas alcohólicas que nunca fueron confirmadas, luego de un proceso plagado de irregularidades.
Desde entonces, los integrantes del centro cultural batallaron por mantener su espacio y aún hoy esperan respuestas de las autoridades de la Intendencia de Montevideo. Pero decidieron trasladarse al barrio vecino de La Teja junto con El Armenio, el dueño del bar. Aunque son lugares cercanos, la mudanza hizo que perdieran el contacto con los vecinos de Nuevo París.
Para Diego Recoba “el desafío fue salir a la calle, caminarla, conocer a los nuevos vecinos. Ahora estamos adecuando este lugar, a veces venían 10 o 12 niños y no teníamos dónde trabajar. Tuvimos que pedirles que no vinieran por un tiempo, pero ellos siguieron viniendo. Cuando logremos acondicionar esto vamos a formar de vuelta una banda”. Si bien se encuentran utilizando cartón que desecha un supermercado cercano, tienen planeado trabajar con una cooperativa de recicladores.
El centro de La Propia es el oeste montevideano. “Las presentaciones de los libros son acá, y tratamos de que aquí mismo haya una fuerte presencia del proyecto. Vienen escritores buenísimos y la gente tiene que venir a verlos. Porque esa era otra cosa que veíamos: está todo centralizado, en el oeste no hay teatros ni cines, casi no hay eventos literarios, casi no hay librerías. Por eso queríamos hacer algo acá y hacerlo bien”, detalló.
Libros únicos
Cada libro producido por La Propia es único. Todas sus tapas son pintadas a mano. Sus hojas son impresas en una fotocopiadora. El precio de venta de cada ejemplar es de 50 o 60 pesos uruguayos (entre 2,5 y 3 dólares), según el costo de la edición. Todas las ganancias que obtienen son volcadas a la producción de más libros. Nadie recibe remuneración por su trabajo. “El mercado es tan chico que el mes que nos va mejor hacemos cinco mil pesos (250 dólares)”, relató Diego.
Conseguir máquinas apropiadas para la impresión de los libros es un objetivo, no sólo porque les permitiría abaratar costos sino porque además abriría las puertas de uno de los sueños iniciales de La Propia: dar cursos de imprenta y de encuadernación gratuitos.
Aunque en los comienzos eran ellos quienes buscaban a los escritores, ahora hay una dinámica de ida y vuelta. “Nunca nos costó mucho, salvo con los escritores uruguayos, que hay que convencerlos durante meses porque suelen pensar que van a ser perjudicados de alguna manera. Los extranjeros acceden sin problemas”. Los autores permiten que La Propia publique sus textos sin pagarles. “Nosotros no firmamos nada, es todo de palabra, queremos que sea así. Preferimos confiar, que es algo que falta en este ambiente”, afirmó Diego.
El catálogo incluye textos de escritores de Uruguay, Argentina, Chile, Guatemala, Brasil, República Dominicana, España, México y Panamá, entre otros. Publican principalmente autores latinoamericanos, convencidos de que es esa la mayor carencia del ambiente editorial uruguayo.
Su primera exposición fue en 2009 en la Feria del Libro de Montevideo, cuando colocaron un puesto fuera del predio. Pero el año pasado fueron invitados oficialmente, conviertiéndose en una importante experiencia para los jóvenes. Diego contó que también asistieron a las ferias de Maldonado y San José, Uruguay, y a alguna en la ciudad de Buenos Aires: “Nos va bien porque es lo que mejor sabemos hacer, porque hay un ser humano y una cara detrás del libro que vendemos. Si bien los libros se venden solos porque son lindos y tienen buenos títulos, que te los venda el que los hizo y hable contigo tiene otra fuerza”.
Sueños propios
Luego de la mudanza obligada comenzó una etapa de repensar hacia dónde ir. “Es hora de empezar a hacer contactos y tender redes con otras movidas locales, con otras editoriales y con otras cartoneras. Unirnos los que estamos más o menos en la misma y hacer algo bueno”, reflexionó Diego.
No evitan trabajar con editoriales tradicionales mientras sea “manteniendo nuestras individualidades y nuestras discrepancias”. Respecto a la caracterización de las editoriales cartoneras Recoba señaló: “Nos resistimos a llamar cartoneras a todas las editoriales, porque para nosotros una editorial cartonera tiene que tener un vínculo con la comunidad de la que forma parte, ser un hecho colectivo. Hay muchas editoriales que son de una sóla persona, que hace libros en su casa y publica sus textos. Ahí se pierde todo el costado colectivo y comunitario. Entonces, para mucha gente existen 50 cartoneras y para nosotros hay 20”.
Recoba relató que ellos se vincularon con las editoriales más viejas “que son las que hacen un trabajo más parecido al nuestro: Eloísa, algunas de Perú, Bolivia y México. La relación es buena, intercambiamos catálogos, escritores y nos pasamos piques”. Entre los proyectos tienen pensado realizar un encuentro regional de cartoneras en Montevideo, “para hacer cosas pero también para sentarnos y pensar adónde vamos, más allá de las diferencias. Si hacemos lo mismo es una tontería que no nos juntemos. Podemos lograr cosas buenísimas y de hecho ya lo estamos haciendo”.