América XXI
Año VIII
Número 71 – Marzo 2011
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Daniel Ortega proclamado candidato presidencial

Por: Por Carlos Fonseca Terán
Fecha de publicación: 01/03/11
Foto Militantes del Frente Sandinista en la Carretera a Masaya tras la victoria electoral de 2008

Liderazgo: con la realización de 135 congresos departamentales, municipales y de barrios comenzó el IVº Congreso Extraordinario del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Alrededor de 800 miembros integran el máximo órgano partidario. En las sesiones preparatorias fue proclamado Daniel Ortega como candidato sandinista para las elecciones presidenciales del 6 de noviembre próximo. El arco opositor pretende impugnar la candidatura, pese a la resolución de la Corte Suprema de Justicia que avaló con la Constitución la posibilidad de reelección.



En homenaje al 77º aniversario del asesinato de Sandino, durante el mes de febrero tuvo lugar la primera sesión extraordinaria del IVº Congreso del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln). Con base en una legitimidad jurídica sentada por la Corte Suprema de Justicia, esta organización revolucionaria fundada en 1961 por Carlos Fonseca, Tomás Borge y otros militantes inspirados por la victoria de la Revolución Cubana y la dirección de Fidel Castro, está proclamando el respaldo unánime de la militancia sandinista a la candidatura presidencial de su líder principal, Daniel Ortega.

 

En la elección misma del candidato hay un conflicto y una definición. En alianza con la disidencia reformista del sandinismo, a mediados de los años 1990 la derecha nicaragüense puso restricciones a la reeleción presidencial, alegando que atentaba contra la democracia. Durante la mayor parte del tiempo que duró el régimen somocista la reelección estuvo prohibida, lo que no impidió la permanencia en el poder por cuatro décadas a los tres Somoza: Anastasio padre, su hijo Luis y Anastasio hijo, y ya se preparaba Anastasio nieto, quien aún vive, cuando llegó la revolución, el 19 de julio de 1979.

 

Por otra parte, en la democrática Europa la reelección no tiene restricciones. En todo caso, si la base de este sistema como principio de Estado es la soberanía popular, no parece democrático que el pueblo no pueda elegir como Presidente a quien ya ocupa dicho cargo, aun en el caso de que la mayoría del pueblo así lo quiera.

 

Al igual que sucedió en Costa Rica con el derechista Oscar Arias, con amplias credenciales democráticas ante el statu quo, en Nicaragua la Corte Suprema de Justicia resolvió a favor de Daniel Ortega un amparo introducido por él contra la restricción constitucional a su reelección, basado en que ésta, siendo una disposición formal, se contradice con una disposición de principios también constitucional, que es el derecho de todos los ciudadanos a elegir y ser elegidos.

 

 

Orden establecido y revolución


Esto está vinculado con una realidad política: el orden establecido necesita instituciones, mientras que los cambios revolucionarios necesitan liderazgos debido a que la necesidad histórica de la Revolución implica un grado de desarrollo de la conciencia de las clases populares que resulta aún insuficiente para neutralizar el temor que todo cambio produce, aun en quienes no tienen nada que perder. Y esto sólo puede ser compensado con la confianza que genera un liderazgo que encarne los anhelos populares de libertad y justicia. No es casual por eso que –salvando las evidentes diferencias y las particularidades de cada caso– en los países donde se han impulsado las transformaciones más radicales en América Latina el papel del liderazgo haya sido y/o esté siendo un factor tan importante para los correspondientes procesos revolucionarios: Fidel Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua.

 

En tales casos la reeleción presidencial no es un problema de apego personal al poder, sino una exigencia de las circunstancias históricas. Por lo demás, si el presidente en ejercicio es el líder principal de determinado grupo político y es el que asegura a éste la mayor cantidad de votos ¿qué razón puede haber para que sea otro el candidato? Sólo los principios están por encima de la necesidad del poder para cualquier grupo político. Únicamente para la derecha no hay contradicción entre ambas cosas. Y no hay principio alguno que lleve a que una organización revolucionaria impida a un dirigente ejercer determinado cargo por tiempo indefinido, si el desempeño del mismo ha sido el correcto.

 

Resulta interesante el hecho de que el liderazgo de Daniel Ortega no se forjó desde el poder, sino desde la oposición, pues en los años 1980 la dirección revolucionaria estaba integrada por nueve dirigentes con igual jerarquía política.

 

Sin embargo, el derrumbe de la Unión Soviética provocó que en los años 1990 toda la izquierda mundial entrara en una crisis de identidad. Nicaragua no fue la excepción; agregándose en este caso el debate sobre las causas de la derrota electoral del Fsln en 1990. En este contexto surgieron dos grandes corrientes internas: el grupo de la Izquierda, que demandaba una oposición frontal contra el nuevo gobierno de derecha, la reafirmación del socialismo como la meta histórica del sandinismo, la ratificación del antimperialismo como parte del carácter mismo de la Revolución Sandinista y como un principio del Fsln, la defensa de la propiedad social como principal bandera de lucha desde la oposición, el uso de todas las formas de lucha en esa tarea y el carácter de vanguardia del Fsln como organización política revolucionaria.

 

El otro grupo era el de los renovadores, que defendían una política de acercamiento y negociaciones con el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, la renuncia al socialismo al ser considerado por ellos como obsoleto y al antimperialismo para evitar problemas con Estados Unidos, la lucha por la democracia como principal reivindicación, y la condena de todo tipo de lucha violenta. El primer grupo (la Izquierda), logró obtener una contundente mayoría en la Primera Sesión Extraordinaria del IIº Congreso (llevada a cabo en mayo de 1994) y ganó las elecciones internas en todos los departamentos del país; Daniel Ortega encabezaba este grupo y fue ratificado en dicho Congreso como Secretario General del Fsln en oposición al candidato de los renovadores, Henry Ruiz. El líder del segundo grupo era Sergio Ramírez (escritor nicaragüense que había sido vice presidente de la República en la década de 1980), y tras su derrota interna en el sandinismo, optó por fundar un nuevo partido de tipo socialdemócrata, el Movimiento Renovador Sandinista, cuyos dirigentes principales en la actualidad son el funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo, Edmundo Jarquín (de origen socialcristiano) y Dora María Téllez.

 

Ratificación de principios


El liderazgo actual de Daniel Ortega se forjó, por tanto, en el marco de la lucha contra el neoliberalismo en los años 1990 y durante los primeros cinco años del nuevo siglo, período de la lucha en defensa de la identidad ideológica revolucionaria del Fsln.

 

El modelo sandinista de construcción del socialismo está basado en la democratización de la economía mediante el peso creciente de su gestión por los sectores populares, como expresión de un proceso de socialización de la propiedad sobre los medios de producción; el ejercicio del poder político por los ciudadanos mediante la toma de decisiones acerca de la distribución del presupuesto y las obras a ser realizadas por el Gobierno en cada territorio, además de la gestión directa en busca de solución a los problemas concretos de la población; el carácter público de la salud y la educación y el acceso universal a estos servicios; la implementación de una gran cantidad de programas sociales cuyo propósito es la capitalización de los sectores populares de la economía y la solución de múltiples problemas heredados por el neoliberalismo.

 

Como producto de estas políticas, el actual gobierno sandinista ha reducido la pobreza en un 8,83% y la pobreza extrema en un 11,17%, mientras en 2010, en plena crisis económica mundial, la economía nicaragüense creció un 4,5% a diferencia del resto de Centroamérica, donde decreció. Otros logros importantes han sido la reducción del analfabetismo de un 35% a un 1,5% y la solución de la crisis energética.

 

La sesión extraordinaria del IVº Congreso del Fsln coincide con los 50 años de su fundación, razón por la cual también el Foro de São Paulo realizará su XVIIº encuentro en la ciudad de Managua. En homenaje al medio siglo de existencia de la organización fundada por Carlos Fonseca y dirigida actualmente por Daniel Ortega, esta sesión de su IVº Congreso se denomina: 50 años y seguimos de frente, como referencia a un viejo lema sandinista creado en las elecciones de 1984 y que se proclama desde una posición de lealtad a los principios históricos que han guiado la lucha revolucionaria en Nicaragua: Seguimos de frente con el Frente.

 

 

Desde Managua