En respuesta a la crisis capitalista
Presidentes y representantes de organizaciones internacionales en la sexta cumbre del G-20 en Cannes, Francia
Convulsiones: especuladores europeos ensayan modelos teóricos con la eventual desaparición del euro. Francia se suma al club de los tambaleantes de la eurozona. La socialdemocracia cae ignominiosamente en España, vencida en elecciones por el fascismo, y en Grecia cede voluntariamente el lugar a un “técnico”. Washington admite que su economía está estancada y va a la recesión, tras los pasos de Europa. China siente los efectos de la retracción de sus grandes compradores; en Brasil la industria cae 2% en septiembre y el sector automotriz 22%. La soya, panacea de un fugaz paraíso, cae en tirabuzón junto con otras materias primas. Falladas las recetas curativas, el imperialismo resolvió ir al fondo del problema: sanear el sistema y prevenir revoluciones con ajuste y guerra.
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Barack Obama, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy ingresaron al plenario del G-20, el 3 de noviembre en Cannes, después de una reunión restringida en la que participaron también los titulares del FMI, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo. La tierra temblaba bajo los pies de la superestructura política de los 20 países que suman tres cuartas partes del PIB mundial. Las Bolsas marcaban día a día el pánico del gran capital ante la magnitud de la amenaza y la indecisión de los Ejecutivos que cuentan. Un presidente ya había caído (Portugal), tres estaban condenados (Grecia, Italia y España) y otros tres (nada menos que Estados Unidos, Francia y Alemania), tenían en sus manos la notificación de vencimiento a plazo fijo para sus mandatos. Como anuncio fatídico, cientos de miles de ciudadanos sin encuadramiento ni dirigentes irrumpían en el escenario político del otrora inconmovible Primer Mundo.
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Obama, Merkel y Sarkozy no pretendían que los 17 mandatarios que los aguardaban en el lujosísimo Palais des Festivals et des Congrès acompañaran la línea de acción adoptada para afrontar la crisis. Bastaba con que no la desafiaran públicamente. Y así ocurrió: los medios de difusión masiva registraron en diversos tonos la costosa banalidad del encuentro cimero. Los ejes impuestos por Estados Unidos, Alemania y Francia frente a la convulsión capitalista no trascendieron a la opinión pública mundial ni, mucho menos, se debatieron. La política que determinará la existencia de miles de millones de seres humanos en las próximas décadas fue resuelta por tres personas y convalidada por otras 17, con acuerdo de los más y omisión de unos pocos. Democracia capitalista en estado puro.
No se trata de un plan sofisticado, aunque ya no puede tener un nombre rotundo como “neoliberalismo” o “neokeynesianismo”. Habrá ajuste liberal y emisión desenfrenada para que el Estado vaya en auxilio del capital. Y habrá guerra.
Puede registrarse un cierto grado de creatividad en los preparativos previos para la aplicación de esas medicinas. En Grecia e Italia se dictaminó que Partidos y políticos son parte del problema, por lo que se formaron “gobiernos técnicos”. Lucas Papademos estudió en el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y experimentó técnicamente en el BCE y otros grandes Bancos. Mario Monti estudió en Yale, fue director de la Trilateral Comission y miembro jerárquico del Grupo Bilderberg, además de asesor de Coca Cola y de Goldman Sachs.
Ambos, presentados como independientes, fueron designados por vía parlamentaria, con el concurso de legisladores en pánico. El caso español fue por otro carril: con un 43% de jóvenes sin trabajo y un total de cinco millones de desocupados, desequilibrios fiscales insostenibles y un gobierno socialdemócrata paralizado y señalado como responsable del desastre, el 20 de noviembre fue catapultado a la presidencia el Partido Popular, declarado continuador del franquismo y ahora respaldado por el 44% de los votos.
Nula creatividad hay en cambio en los preparativos de guerra. En Siria, la técnica repite el caso libio, promoviendo una fracción interna armada, conducida, financiada y publicitada mundialmente por Washington, que se constituye en pseudo Consejo Nacional de Transición y prepara el momento para atacar desde el exterior al gobierno de Bashar al Assad.
En Irán la Casa Blanca repite el modelo Irak, acusando al gobierno de Muammad Ahmadinejad de construir armas atómicas y preparando el momento de un ataque exterior a gran escala.
Estados Unidos tiene un tercer objetivo bélico: Venezuela. Allí, a falta de capacidad efectiva para poner en acción una fracción interna con capacidad militar, tanto menos para dividir la Fuerza Armada, arrecia la campaña mediática internacional con dos objetivos: uno, antiguo, destinado a deslegitimar la figura de Hugo Chávez, paso previo a formas superiores de agresión; el otro, manipulando informaciones respecto de la evolución del cáncer que aqueja al presidente venezolano, con el objetivo de sembrar duda y vacilación en la población y los cuadros dirigentes.
Ajuste
Fronteras adentro, en Europa y Estados Unidos la guerra tiene otro nombre: recortes salariales, aumentos de impuestos, reducción de las prestaciones sociales y subsidios destinados a la población con menores ingresos, son las armas que componen esta ofensiva. El crecimiento del PIB de la eurozona fue sólo del 0,2% en el tercer trimestre de 2011, igual que en el segundo. Alemania fue el país que más creció entre julio, agosto y septiembre, sólo 0,5%; mientras que en Grecia la recesión golpeó con la mayor fuerza: el PIB cayó 5,2% en términos interanuales.
En 2012 la economía europea se contraerá en un 1%, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) que agrupa a 400 entidades financieras en todo el mundo.
España estrenará gobierno en diciembre con un plan de ajuste fiscal cercano a los 30 mil millones de euros. La negativa del nuevo presidente Mariano Rajoy de anunciar las medidas de recorte del gasto público antes de asumir no fue bien recibida por la Unión Europea y la burguesía española. Merkel exigió a Rajoy que tome las “reformas estructurales necesarias (…) sin demora (…) en este período difícil para España y Europa”. Presiones similares hicieron calificadoras de riesgo internacionales y la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.
Todo esto mientras los devastadores efectos del ajuste presupuestario de 15 mil millones de euros profundizan la caída de la inversión y aumentan el de-sempleo. Esa escalada la inició en mayo de 2010 el socialdemócrata José Luis Rodríguez Zapatero, ahora aplastado por los votos desesperados de sus víctimas. El continuo crecimiento de los intereses de la deuda obligan a aumentar el gasto público financiero y fuerzan nuevas reducciones del gasto social. España tendrá en 2012 vencimientos de deuda por más de 100 mil millones de euros y está al borde de declarar el default para solicitar un rescate financiero de la Unión Europea, tal como ya lo hicieron Grecia, Portugal e Irlanda, obligados a mayores ajustes en el empleo público, los salarios y las pensiones.
Ya en junio de 2010 Zapatero envió al Congreso español un proyecto de reforma laboral cuya aprobación generó mayores facilidades para el despido de trabajadores y la flexibilización laboral.
Italia, tercera economía de la eurozona después de Alemania y Francia, aprobó en noviembre las medidas de ajuste exigidas por la UE antes de la renuncia de Silvio Berlusconi, casi al mismo momento que se producía la salida forzada del poder del primer ministro griego Yorgos Papandreu.
El ajuste italiano incluye la reforma del sistema de jubilaciones (la edad mínima de jubilación aumentará de 65 a 67 años progresivamente hasta 2026), la privatización de empresas estatales y servicios públicos y recortes en la administración pública, con el objetivo de reducir la enorme deuda del país, valuada en 1,9 billones de euros (equivalente al 120% de su PIB). Monti ya tiene preparado un plan de ajuste por 15 mil millones de euros para 2012 y 2013, cuya presentación en el Parlamento ocurrirá durante los primeros días de diciembre. Esta suma se unirá a los 64 mil millones de euros de recortes ya previstos por el plan aprobado previo a la salida de Berlusconi. En total, casi 80 mil millones de euros que se dejarán de gastar, mayoritariamente en perjuicio de los trabajadores italianos.
900 mil personas estarán desempleadas al terminar 2011 en Grecia y se calcula que otros 300 mil engrosarán la suma durante los próximos meses (más del 20% de la población), cuando el 13% de las familias griegas ya no recibe ningún tipo de ingresos.
El último plan de ajuste anunciado por el gobierno saliente implicará el despido del 30% de los trabajadores públicos durante los próximos cuatro años. Para el resto hubo un recorte salarial en promedio del 12% en 2010, aunque se espera una mayor reducción en los próximos meses.
Mientras el Estado vende desde los ferrocarriles y el correo postal hasta el servicio de agua potable, la policía reprime reiteradamente las manifestaciones de trabajadores y estudiantes en Atenas y otras ciudades del país. Diciembre comenzará con una huelga general, cuando el nuevo gobierno analiza más ajustes bajo presión de la UE y el FMI.
Según pronósticos, la deuda griega superará el 166% de su PIB en 2012. Aunque ya le fue condonado al país el 50%, Papademos aseguró que el Estado no podrá afrontar los vencimientos de deuda de diciembre si no recibe nuevos préstamos.
Otro de los países que se sometió al rescate de la UE y el FMI fue Portugal, donde al cierre de esta edición se discutía en el Parlamento el presupuesto 2012, con nuevas y severas medidas de austeridad fiscal. Este año el país sufrirá una caída del 1,9% del PIB; contracción que será aún mayor en 2012, ya que su producto se reduciría otro 3%, incluso más que en Grecia (perderá el 2,8%). En ese marco, el desempleo ascenderá al 13,6% y la clase media lusitana perderá el 20% de su poder adquisitivo durante el año entrante. Todo esto con un aumento de la deuda pública, que ascenderá, por lo menos, al 111% del PIB. Mientras tanto hay 17 empresas estatales en proceso de privatización.
Irlanda completa el cuarteto europeo de países cuyas deudas superaron el 100% de su PIB, junto con Grecia, Portugal e Italia. El país comenzó con los recortes en 2008, año en el que planificó el despido del 12% de los empleados públicos, la reducción del salario mínimo y una rebaja del gasto público del 15% hasta 2015, medidas por las que recibió un préstamo de la UE y el FMI de 85 mil millones de euros. El último ajuste anunciado, compuesto por un total de 200 medidas, incluye el aumento del IVA del 21 al 23% y de otros impuestos indirectos. Rescatar el sistema bancario nacional le costó a Irlanda el 30% de su PIB y un aumento exponencial de su deuda, que en 2012 ascenderá al 118% del PIB.
Francia es otro de los países que volvió a decidir medidas de ajuste antes de terminar el año. El primer ministro François Fillon anunció el 7 de noviembre recortes por 100 mil millones de euros para los próximos cinco años, que se sumarán a los 11 mil millones que comenzaron a reducirse en agosto. Lo hizo luego de asegurar que la posibilidad de quiebra del Estado francés “no es algo abstracto”.
El proyecto adelantó para 2017 el retraso de la edad mínima de jubilación de 60 a 62 años, disminuirá algunas subvenciones sociales y las ayudas para permitir la compra de viviendas a los trabajadores. También habrá recortes de gastos en la Seguridad Social y aumentos de impuestos. El gasto público de 2012 sufrirá una reducción de 1.500 millones de euros, cuando en agosto sólo se preveía un recorte por mil millones. Será la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 que el Estado francés presenta un presupuesto inferior al del año anterior, mientras la deuda francesa sigue en aumento y superaría el 86% del PIB en 2012.
Gran Bretaña permanece fuera de la eurozona, pero eso no le permitió reducir las consecuencias de la crisis capitalista. Su déficit fiscal es el mayor de toda la UE (supera el 10%) y ha desencadenado el mayor ajuste desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: una serie de medidas que implican el despido de 490 mil empleados del sector público y la reducción de programas de asistencia social (subsidios familiares y prestaciones sociales para infancia y vivienda por ejemplo). El IVA subirá del 17,5 al 20% en 2012 y la edad de jubilación de 65 a 66 años en 2020. La deuda continúa en ascenso y se acercará al 90% del PIB en 2012.
Alemania, la primera economía de la eurozona, es generalmente destacada por la confiabilidad de su sistema financiero y la fortaleza de su economía. También es el principal contribuyente de los tres planes de rescate en curso hasta diciembre (Grecia, Portugal e Irlanda). Sin embargo, ha tenido grandes dificultades para tomar préstamos: el 23 de noviembre ofreció bonos a 10 años por 6 mil millones de euros y sólo pudo colocar el 60% (3.600 millones). Si bien la deuda pública alemana no está en aumento, supera el 80% de su PIB.
Aunque el país no ha lanzado políticas de ajuste similares a las del resto del continente, algunas empresas ya han anunciado despidos masivos. Entre ellas, la compañía de suministro energético E.on, que recortará entre nueve mil y 11 empleos hasta 2015 en sus plantas fabriles de las ciudades de Munich, Düsseldorf y Hannover. El consorcio Nokia-Siemens reducirá su plantel en 17 mil empleados.
La situación de Estados Unidos no es mejor que la de sus socios occidentales. Luego de estar al borde de declarar el default a fines de julio, con una deuda superior al 100% del PIB, Obama presentó en septiembre un nuevo plan para reducir el déficit fiscal en más de tres billones de dólares en 10 años. La medida incluye subas de impuestos para recaudar 1,5 billones de dólares y recortes de programas sociales por 585 mil millones de dólares. El Gobierno recibe por semana 393 mil solicitudes de subsidios por desempleo.
Guerra
Con la agresión a Libia los países de la Otan implosionaron el sistema político internacional, violaron todas las convenciones y se burlaron hasta de sus propios socios en el mundo. Ahora dan un paso más: en Siria e Irán avanzan hacia una guerra que envolverá a todo el Oriente Cercano.
Estados Unidos desplaza parte del dispositivo militar que retira de Irak hacia países aliados del Golfo Arábigo-Pérsico; Gran Bretaña instala un portaviones en la misma zona; Francia reconoce al Consejo Nacional de Transición, títere sirio montado a imagen y semejanza de lo hecho en Libia. Mientras tanto, la Oiea (Organismo Internacional de Energía Atómica) acusa formalmente a Irán de estar construyendo armas atómicas, Israel dice sin rodeos que tiene todo aprontado para atacar por aire a Teherán, y Estados Unidos, tras abastecer al gobierno sionista con las armas necesarias, asume el papel de moderado: exige a sus socios israelíes desistir de un ataque antes del invierno boreal y apunta en cambio hacia la próxima primavera.
Con ese fin, y asignándole a Israel el papel de vanguardia en el ataque inicial, Washington asienta ahora tropas de combate a Kuwait y desplaza naves de guerra a aguas internacionales en la región, mientras en acuerdos bilaterales con los gobiernos del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes y Oman) monta el dispositivo para afrontar la réplica militar de Irán, Siria y las organizaciones aliadas con estos gobiernos en la región.
El menú presentado por los centros imperialistas en la reunión del G-20 no apuntaba a los detalles del operativo estratégico, sino al manejo político posterior de las consecuencias. Al igual que en relación con las decisiones económicas, la razón de existencia del G-20 no consiste en aprobar o siquiera discutir las decisiones de Estados Unidos, Alemania y Francia, sino en impedir el desprendimiento de países de envergadura hacia bloques y políticas por fuera de la órbita imperial. Aunque con crecientes dificultades, esa operación estratégica desenvuelta desde mediados de 2008, ha dado resultado: lo más osado que se oyó desde entonces en materia de decisiones económicas fue... “reformar al FMI”. Washington no sólo impidió la creación de zonas económicas, comerciales y monetarias autónomas, sino que arrastró al G-20 en lo central de su propósito: rescatar y recomponer al sistema capitalista como tal, cuando sus columnas maestras anuncian un derrumbe.
En Cannes se omitió el caso venezolano por razones obvias: tres integrantes del grupo están en la región y se verían directamente afectados en la eventualidad de un conflicto. En todo caso, Venezuela, su petróleo y su Revolución Bolivariana, constituyen un objetivo político-militar para Estados Unidos: rescatar y recomponer el capitalismo no implica solamente el intento de sanear el sistema, sino en primer lugar impedir la revolución como respuesta a la crisis.
Amenazas
Así, a la vez que se despliega una ofensiva antisocial que afecta a los pueblos del Primer Mundo, es inminente el ataque militar contra países del Tercer Mundo y retorna la amenaza militar entre potencias atómicas. Dos semanas después de Cannes, el presidente ruso Dimitri Medvedev declaró ante el mundo: “Por orden mía, el ministerio de Defensa pondrá en servicio inmediatamente la estación de radar del sistema de alerta de ataque con cohetes en la ciudad de Kaliningrado”. Es la respuesta a los pasos dados por la Otan en Polonia, donde emplaza un dispositivo balístico ofensivo que apunta al corazón de la Federación Rusa. “Los misiles balísticos que entran en servicio en las fuerzas estratégicas y en la armada serán pertrechados con cargas de combate de alta eficacia y capaces de superar la defensa antimisiles” del Pentágono en Europa, agregó Medvedev.
Al igual que China, Rusia no avala en el Consejo de Seguridad de la ONU la perspectiva de un ataque militar para derrocar a Bashar al Assad, mediante una “intervención humanitaria”, como llaman ahora los guionistas del imperialismo al modelo de invasión en Libia. Pero el desencadenamiento de un conflicto bélico en torno a Irán y Siria se extendería inexorablemente más allá de la región. Eso es lo que ha entrado como una cuña eventualmente indetenible en el armazón del G-20. La respuesta del capital a su crisis pone en riesgo incluso el equilibrio atómico planetario. El hecho es que, en la medida en que el juego se limite al emplazamiento de grandes aparatos bélicos –por otro lado imprescindibles para quienes se sienten amenazados– el objetivo estratégico del capital se vería beneficiado. Sólo un frente universal contra la guerra y la aplicación audaz de un programa por el socialismo del siglo XXI puede detener la embestida contra la humanidad resuelta en el G-20.
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